Soy una diosa y como tal soy inmortal, así que me va a resultar muy difícil esto de dictar testamento sabiendo que no puedo morir y que de esta manera nadie heredaría mis bienes y dones, aun así allá vamos:
A mi padre Urano le dejo uno de mis atributos, la concha marina como recuerdo de mi nacimiento que se produjo a través de la espuma del mar.
A mi hijo Eros (Cupido) le dejo el don del amor carnal y del deseo, ya que es dios del amor y se dedica con sus flechas a emparejar a todos, que pueda seguir haciéndolo y aun con más fuerza.
A Adonis, uno de mis amantes le dejo la belleza, él es un joven muy bello ya de por sí, pues deseo que lo sea aún más, que ninguna mujer se le resiste, que pueda tener a quién él desee.
A Hefesto, mi primer marido le dejo el ceñidor, que él mismo me regaló, para que así me recuerde y cuando conozca a otra mujer pueda si quiere regalárselo para que sea bella e irresistible.
A mi gran amor y amante, Ares (Marte) le dejo gran parte de las joyas que Hefesto me regaló cuando contrajimos matrimonio.
A Paris, la mujer más bella del mundo (Helena de Troya), la cual le prometí cuando este me otorgó la manzana “A la más bella” que tenga éxito con ella y sean felices sin que nadie se interponga.
A mi hijo Eneas le dejo las restantes joyas, aquellas que Hefesto me regaló cuando nos casamos, se las cedo para que pueda regalárselas a su mujer y también le dejo el don de la fertilidad para que pueda dar a luz hijos que serán los herederos de la ciudad que fundará.
Me siento orgullosa de mi padre Urano, que fue quien me dio la vida y para ello fue castrado.
Me siento orgullosa de Zeus, que siempre medió en todos los conflictos que surgieron en mi vida, buscando siempre la solución más adecuada y aunque en ocasiones no haya salido bien parada es porque quizás no lo haya merecido, pero si algo es seguro es que Zeus siempre premia o castiga de manera justa.
Me siento aún más orgullosa de haber recibido a manos de Paris de Troya la manzana dada por Eris (diosa de la discordia) “A la más bella” es un gran honor el haber ganado a otras diosas tan importantes como la propia Hera (esposa de Zeus) o a Atenea, la diosa de la guerra.
También me siento orgullosa de mi hijo Eros (Cupido) pues es mi vivo reflejo, es también dios del amor, y se dedica con sus flechas a emparejar a todo el que se cruza en su camino y digo que me siento orgullosa porque es mi vivo reflejo.
Me siento orgullosa de mi belleza que enloquece a hombres y a dioses.
De mi original nacimiento, no todos pueden decir que han nacido sin intervención femenina y mucho menos de la espuma del mar.
De mi hijo Eneas, fundador de Roma, por sus grandes hazañas, hijo mío tenía que ser...
Me arrepiento de haberle sido infiel a mi marido Hefesto, que a pesar de ser feo y cojo me quería y estaba enamorado de mi, además no me trataba mal.
Me arrepiento de no haber cumplido la voluntad de mi Zeus que dispuso que me casara con Hefesto y yo lo hice, pero era como si no estuviéramos casados pues jamás acudí al lecho conyugal.
Me arrepiento de haberle prometido a Paris de Troya a Helena, la mujer más bella de la tierra que ya estaba casada y por culpa de este rapto se desencadenó la guerra de Troya de la que indirectamente soy yo la culpable.
Me arrepiento de haber jugado con los sentimientos de Marte (aunque realmente estaba enamorada de él) pero como estaba casada con Hefesto simplemente le utilizaba para acostarme con él. Por mi culpa tuvo que pagar lo que hizo...
Jugué también con Adonis que por mi culpa fue castrado y terminó muriendo desangrado.
Me avergüenzo incluso de mis propios dones tales como la lujuria, la belleza y la prostitución ya que solo conducían a los que me rodeaban a pecar de hybris. Ojalá hubiese sido símbolo del amor, pero amor del verdadero, no del carnal ni la lujuria. Me hubiese gustado muy especialmente enamorarme de verdad y no ir de flor en flor, ni tener tantos amantes con historias que siempre terminan mal, y no es que me haga daño a mi sino que se lo hacía a ellos pues en muchas ocasiones acabaron muy mal (muriendo por ejemplo).
Me hubiera encantado poder ayudar a mediar en conflictos amorosos y no a provocar disputas como la que tuve con Perséfone por el amor de Adonis.

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